Todavía, y a pesar de las alarmas del cambio climático, perdura en el paisaje serrano de Béjar un elemento distintivo que lo diferencia del resto de montañas de la provincia de Salamanca: la nieve. La Sierra de Béjar, su cumbre llamada Calvitero, es el punto más elevado de dicha provincia con 2.425 m. de altitud, y debido a esa elevación su historia geológica se vio fuertemente afectada por los procesos glaciares del cuaternario dándole el atrayente aspecto alpino que hoy tiene.

Hace unos 20.000 años toda Europa estaba afectada por el que sería el último de los procesos glaciales habidos hasta la actualidad. En España, a las latitudes en que nos encontramos, las montañas más elevadas coronaban sus cumbres con hielos permanentes que descendían con lentitud hasta los valles configurando fantásticos ríos de hielo.

Laguna del Duque

Sierra de Béjar

En la Sierra de Béjar hubo hasta quince glaciares de distintas dimensiones, de entre los que hay que destacar por la vertiente abulense los del Trampal y del Duque de casi ocho kilómetros de longitud, y por la vertiente salmantina el de Hoya Moros por donde discurre el nacimiento y el curso alto del río Cuerpo de Hombre. Estos glaciares, al ir fundiéndose con el ascenso de temperaturas, fueron dejando muy visibles todas las características propias de la abrasiva erosión del hielo: valles en forma de U, grandes pedreras, morrenas (depósitos de rocas llevadas por el glaciar hasta el fondo de los valles), turberas y lagunas. Las del Trampal y del Duque, ésta última la grande del Sistema Central Español, son las más conocidas de la Sierra de Béjar y tanto ellas como el entorno natural que las rodea configuran un paisaje de primer orden que ya se ha hecho acreedor de diferentes declaraciones oficiales en aras a la conservación de todos sus valores. Pero desde la propia localidad de Béjar pueden percibirse como bello telón de fondo varios valles glaciales: la Garganta del Oso, las Hoyuelas y Hoya Mayor, este último que termina a las mismas puertas de Candelario. Como lejano recuerdo de aquellas pretéritas frialdades la montaña bejarana reproduce invierno a invierno el blanco aspecto que siempre la ha definido, cuarteándose la nieve después, lentamente, a lo largo de la primavera y el verano.

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